jueves, 20 de mayo de 2010

LEYENDAS DE SULLANA

LEYENDAS DE LA PROVINCIA
DE
SULLANA

“EL LAGARTO DE ORO”

Hace mucho tiempo, cientos de años, según cuentan los antiguos; el río Chira era un personaje protagonista de leyendas, cuentos y mitos variados, que los chicos de hace poco, escuchamos de ciertas abuelas o vecinas del barrio ya sea en la puerta de casa o alrededor del fogón de la cocina. Contar esta clase de narraciones era casi una obligación de los mayores en la Sullana de antes, cuando la luz eléctrica era escasa y no había radio ni televisión.

La tradición oral era aquel entonces un medio muy efectivo de conservar el pasado. Era como la voz de los tiempos, el grito telúrico del Tallan y la Capullana. Según dicen las viejas narradoras de ese, entonces, ellas cumplían un encargo ancestral y lo hacían con aire misterioso, lo que se notaba en su voz quebrantada y en el gesto. Si. Indudablemente había cierto miedo o tal vez reverencia por las historias mágicas que se han transmitido de generación en generación y que se guardan en el mundo de los recuerdos. “Así me lo contaron. Así lo cuento yo”, solían decir, quienes desempeñaban el papel de abuelitas relatoras.
La historia que vamos a narrar la contaba Ña Panchita y así la cuento yo.
Ella, entre tantas, era la más conocida del Barrio Sur. Vivía en una vieja casa de paja y barro ubicada sobre una alta loma blanca y suave. La casa miraba con una puerta al río, los noventa y pico de años de edad de ella se podían ver en su cara cobriza, surcada por un laberinto de arrugas. Su mirada tenía la extensión del recuerdo.
Estas arrugas, decía entre orgullosa y triste son los golpes de la vida. Ustedes churres (niños), alguna vez también las tendrán. Sin embargo su mente era lúcida y ágil. En su cabeza guardaba como muestra de ello una mina de ayeres tan bien ordenados como páginas de un libro.
Una noche de esas de Sullana antigua, rodeada de chicos y grandes, como de costumbre, sentada frente al río, para pasar la noche, con actitud solemne casi misteriosa y haciéndole una cruz en la frente, dijo como si fuera a cumplir un rito:


 Esto que voy a contar es de encantos y gentiles, ¡que Dios nos libre de ellos!. ¡Taitita Dios me perdone porque hay cosas que no deben escuchar los churres!... bueno, bueno,...son cosas pasadas en esta tierra de ayer y en este río que quien sabe que cosas habrá visto. Por el aire se escucha el grito de alguna lechuza, el canto tétrico de alguna gallareta de mal agüero.

 Ustedes, continuó diciendo Ña Panchita. Habrán oído hablar a sus padres o a sus abuelos o a sus maestros quienes tienen escuela o quien sabe a quien, que aquí donde estamos nosotros, en estas tierras, vivieron unas gentes de las cuales dicen llevamos su carne, sus huesos y su sangre. Así será porque blancos no somos. Mírense nomás el pellejo, indicaba a los oyentes que no le apartaban la mirada. Luego, continuaba y llamaba la atención para ello.

Escuchen bien, hace muchos años, no recuerdo cuando el río Chira, que desde aquí se divisa, era un gran señor del mundo de entonces. Era bueno con toda la gente y hasta con los animales que había. Por eso lo querían y respetaban mucho casi como si fuera un dios. Los hombres gentiles de entonces que no conocían a nuestro Dios, lo adoraban y le tenían miedo, especialmente, cuando crecía y bramaba como un toro suelto por todo el valle. Dicen, que la gente le ofrecía muchas cosas para calmarlo. En sus orillas sembraban como ahora lo hacen los chacareros,
pues de juro saben ustedes que somos un pueblo que vivimos como antes, del fruto y las raíces del campo. ¡Bendito sea!. Cuentan, seguía Ña Panchita, que para tener más tierras y sembrar más los gentiles hicieron canales de los cuales hay ahorita por allí algunas señas. Eran muy inteligentes y trabajadores los antiguos. Los animales del campo, afirmaba como si ella la hubiera visto, eran cuidados. Nacían y se reproducían sin que nadie los robará. El de aquel entonces era un mundo diferente. No se conocían los Mandamientos de la Ley de Dios, que ahora nos enseñan, pero habían pensamientos sabios que daban los que mandaban en esta tierra. Por ejemplo, decían: no mientas, no seas ocioso y había que cumplir porque sino, ¡qué caracho!, te aventaban al río para que te conviertas en barro o te coman los lagartos del río que habían bastantísimos. Había un amor que nosotros no entendemos entre todos los seres y cosas la naturaleza. Oí de mis abuelos que el río Chira que entonces se llamaba, se llamaba, se llamaba...y se rascaba la cabeza Ña Panchita..
Era considerado como el marido de la luna, por eso cuando ella salía en las noches, - así como la ven ahora por ese cielo azul-, se alegraba todo y hasta los animales se alunaban. Y el río, en medio del rumor de sus aguas, la besaba y brillaba más y más. Miren, igual que ahora que parece un camino de oro culebreándose por aquí y por allá. ¡Que hermosos se ven la Luna y el Río, cómo se abrazan! Los gentiles creían que esto era amor, amor sin palabras, inmenso silencio vestido de luz...
 Bueno, bueno churres ya se quieren dormir. Entonces voy a contar lo del Lagarto de Oro, un lagarto que vivía en este río junto con otros lagartos. Estos vivían en el río, eran grandes como los cocodrilos de las figuritas, con una boca llena de muelas como cuchillos. Eran buenos nadadores y comían carne de toda clase, especialmente de gente cuando estaban con hambre. Dormían en las orillas y en las playas del río. Según cuentan, en la época de los gentiles cuando un hombre o una mujer se portaba mal y cometían un grave delito, el cacique o cacica que eran los jefes, ordenaban que esa persona se le echara al río para que se la comieran los lagartos. ¡Así era la justicia de los antiguos!
El tiempo pasaba y a na Panchita se le secaba la boca y la garganta y llegado un momento, se detuvo y dijo:
 Malhaya, denme un poquito de chicha que las palabras ya no quieren salir... Y hubo que ir a traer un bien lleno donde la vecina para que continuara. Bebió y respiró hondo.

 Bueno, sigo y no se vayan a dormir. Cuentan que el río Chira, ¡quién lo ve!, tenía un Lagarto de Oro encantado que salía en las noches de luna para revolcarse en las arenas de las playas y jugar con la amada del río, que en medio de la noche se convertía en una hermosa joven de dorados cabellos y hermosa figura. El Lagarto de Oro era hermoso también.

 La joven y el Lagarto de Oro pasaban horas y horas jugando al amor, entrando y saliendo de las aguas, hasta que apuntaba el amanecer, entre cantos y chilalos, choquecos y zoñas y los mudos algarrobos.
Las escenas de amor entre la Luna y el Lagarto de Oro, que era el mismo Chira convertido así, no podían ser vistas de cerca por algún humano, pues si ello ocurría, éste quedaba encantado para siempre. Si era hombre amanecía muerto en alguna orilla, despedazado por los lagartos Si era mujer, no aparecía por ningún lugar, pues era encantada por el lagarto de Oro que se la llevaba para hacerla su amante. ¡Taitita Dios, como sería!, exclamaba Ña Panchita. Se me escarapela el cuerpo de pensar en esto. Por eso yo siempre digo a las mujeres, especialmente a las maltonas, que tengan cuidado con el río, que se cuiden del Lagarto de oro. Tantas cosas se dicen de éste. Se afirmaba que durante el día y en las noches sin luna, estaba escondido en la Nariz del Diablo, en ese cerro que se ve desde aquí en Marcavelica. En ese cerro cuentan que se oyen gritos de mujeres, seguramente, de las amantes del Lagarto de Oro.
Hace tiempo, años, de estas narraciones escuchadas de los labios de la viejita del barrio sur. Ella ya no existe. La Sullana de los tiempos idos, su río Chira, el cerro de la Nariz del Diablo, son personajes de estas historias mágicas. Los churres de ayer han pasado también, pero las tradiciones siempre vivirán. El Lagarto de Oro ya no sale en el río Chira ni de día ni de noche, el hombre y el tiempo lo han matado sin piedad. Ahora sólo quedan como decían algunas Panchitas modernas, los lagartos que se comen el tesoro público.













LA LAGUNA ENCANTADA DE LA CHORRERA
En el distrito de Lancones- provincia de Sullana- departamento de Piura, se encuentra ubicado un pintoresco caserío de belleza natural incomparable llamado “La Chorrera”, este peculiar nombre proviene de la presencia de diferentes quebradas y quebradillas cuyos chorros de agua cristalina discurren al cauce de la quebrada principal. Es importante resaltar que en temporada de lluvias torrenciales se forma un enorme chorro de agua que al caer genera un fuerte estruendo, sonido que se escucha a varios kilómetros de distancia. Este caudal de agua con el correr del tiempo ha ido labrando la roca formando enormes e impresionantes paredes de piedra. Lo espectacular de esta quebrada es que a lo largo de su recorrido se han creado pequeñas y medianas pozas de agua cristalina: destacando la más grande de belleza indescriptible, que los lugareños la conocen como “laguna” por ser la más extensa y profunda.
Este regalo de la naturaleza sirve de límite con la República del Ecuador. El área geográfica está colmada de una fecunda y variada flora sobresaliendo la belleza de flores color lila de la planta conocida como borrachera, que combinado por el jabonillo con sus frutos color amarillo- anaranjado engalanan y hacen más atractivo al paisaje. Tenemos la presencia de frondosos y esbeltos árboles de las variedades : Hualtaco, Charán, Palo Santo, Faique, Oreja de León, Oberal, que sirven de guarida a las víboras. También existe una extraordinaria fauna formada por bandadas de palomas de la especie cuculí; las elegantes chirocas luciendo su hermoso plumaje amarillo y negro, admiradas por su melodioso canto. La inquietas putíllas exhibiendo su pecho de plumaje rojo escarlata; los negros, chiscos, luisas, zorzales, chilalos que alegran el ambiente con la sinfonía de sus trinos. Una nota agradable son las parvadas de bullangueros loros que cruzan adornando el cielo en raudo vuelo. Entre las aves de rapiña sobresalen los cernícalos, halcones y gavilanes.
Un hecho singular es la llegada a este espejo de agua de aves migratorias especialmente gansos y patos americanos. Por otro lado, es el hábitat de pacazos, iguanas y lagartijas; así como de variedad de víboras entre las que figuran macanches, macanchillos, corales, coralillos y colambos.
Después del período lluvioso y durante la noche las luciérnagas inician un deslumbrante espectáculo exhibiendo con su inquieto vuelo de luces intermitentes que al conjugarse con el centelleo de los luceros en el
firmamento, forman un espléndido escenario que invita al romance y a la inspiración poética.
Sobre esta fuente de agua, se han tejido una serie de versiones fantásticas. Cuentan antiguos moradores que desde épocas pre hispánicas, esta zona estuvo poblada por gente laboriosa dedicada principalmente a tareas de pastoreo y agricultura, prueba de ello son los vestigios encontrados por huaqueros, quienes han desenterrado cerámicos de excelente calidad, hermosas chaquiras, utensilios domésticos y herramientas, etc. Otro hecho que ha permitido conocer estas reliquias han sido las lluvias torrenciales, especialmente en las temporadas del fenómeno El Niño.
La llegada de los conquistadores a la ciudadela incaica de Poechos, una de las más importantes del lugar, sembró temor y preocupación en los habitantes, entre otras razones por la ferocidad en el trato hacia ellos y sobre todo por el saqueo indiscriminado de los tesoros de sus templos. Ante tal hecho el cacique de esta comarca ordenó que parte del tesoro sea ocultado en un lugar seguro y decidieron esconderlo en la laguna más grande, junto al cerro que se yergue como un coloso; desde entonces se convirtió en el guardián celoso de tan preciado tesoro. Comentan que la sombra que se proyecta en la laguna produce oscuridad y por consiguiente causa temor en la gente y nadie se atreve a bañarse en esta laguna por el miedo de quedar sumergido en sus profundidades.
Sostienen que allí mora un gran pez de oro que guía por un laberinto de túneles hacia el corazón del cerro, a las personas que se atreven buscar el tesoro, lugar donde se encuentran extraordinarias y cuantiosas reliquias de oro, plata y piedras preciosas;; luego de quedar deslumbrados de tanta riqueza, permanecen retenidos por siempre en las entrañas de la laguna, según dicen, para que no revelen el misterioso secreto. Desde entonces se le conoce como “LA Laguna Encantada de la Chorrera”.
El Cerro se levanta como coloso junto a la laguna, es de imponente majestuosidad y en tiempos pre hispánicos fue reconocido como APU, cerro con poderes sobrenaturales, protector del pueblo e idolatrado por los habitantes. Será por ello, que permanece todo el año con un verdor maravilloso; pero lo que llama realmente la atención es que los animales de la zona no se alimentan de su verde pasto, atribuyéndose tan raro fenómeno a la existencia de una fuerza malévola que los aleja del lugar como por arte de magia. Por otro lado, la memoria ancestral de los pobladores de este caserío afirma, que a media noche y con la luna llena, se escucha salir del cerro una música pavorosa que se expande por todo el caserío, cundiendo pánico y temor.


“EL CARBUNCLO DE ORO”

El tiempo es un testigo que nos habla a través de muchas cosas; a través de la historia de los cuentos, de los mitos y leyendas. Unos años van y otros vienen y así los años van pasando pero, algo de la vida y del pensamiento; de lo insólito y profundo va quedando de este mundo, como una huella imborrable en el tiempo; en el tiempo que es el ayer, el presente y el mañana. He aquí una antigua leyenda que según dicen desde antes de los caciques Almotaxe, Maizavilca, Lachira, Tangarará y todos los demás, a nuestros antepasados les contaron.
Cuentan de un pájaro enorme, cuadrúpedo, nocturno y errante al cual llamaron carbunclo. Antes de ser un pájaro, dicen que fue un príncipe legendario de los tallanes, hombre bueno, en este mundo incomprensible, quien cumplió con todos los honores y mandatos del dios WALAC y éste en gratitud y recompensa, lo convirtió en pájaro después de su muerte para darle vida eterna y lo envió a la tierra en busca de hombres buenos como había sido él, para darles los grandes y sagrados tesoros de cacicazgos y principados enterrados en huacas sagradas y de cerros encantados.
Desde hace muchos siglos cuenta mucha gente, haberlo visto salir de la Silla de Paita, con gran ráfaga de luz brillante debajo de sus alas, emprendiendo un grande vuelo llegó a los valles donde un día en el pasado se enamoró, valle ubérrimo de las princesas NOKA-ARAC Y PUCUS-ULAC; luego volando alto cruzaba el serpentuoso río que sus tierras irrigó, y en cada noche que pasaba su nombre recordaba, que en lengua tallán, TURICARA se llamó y recorría muchos lugares como: Guallipirá Gualliquiquirá, Cocañira, Tiopairá, Cucungará, Tillingará, Alcará, Bullirá, Bulliquiquirá, Huangalác y Chalacalác. Volando en gran suspiro siempre llegaba a la Loma de Teodomiro y después de haber recorrido mucho, llegó hasta la Huaca del Cucho, para de regreso descansar por largo rato, en las Huacas Sagradas del cacique Garabato.

En busca de hombres buenos, seguía y seguía recorriendo más lugares y mucho visitaba los valles del cacique TANGA-ARAC, las Huacas Sagradas del Cerro de la Mita. La Coneja y la Loma Rica, donde dicen que hay grandes tesoros.
Un día lo vieron venir del valle del cacique POECHOS correteando por las laderas asustaba a los venados, volando alto y volando bajo recorrió por largos trechos, los lugares de Tambara, Corcovados y Salados. A JAGUAY GRANDE cansado llegó, subiendo montañas y peñascos en el Cerro La Mesa descansó, el carbunclo siempre tuvo por rutina, recorrer y vigilar el mentado Cerro de la Mita. Muchos cuentan con espanto que una gran luz en este cerro aparecía, todos dicen que era un viernes santo, era el carbunclo que su gran luz resplandecía, el enviado de WALAC, que un día de allí bajó recorriendo el gran cañón de la franca, y en vuelos elegantes, recorrió el valle de los cardos gigantes y que por mandato de WALAC a todos los hizo sagrados, por eso hoy lo llamamos El Valle de los Cactus Sagrados, los cactus de visiones profundas y transportaciones en el tiempo del pasado. Cuenta la leyenda que antes que apareciera el carbunclo en este valle estos cactus no tenían espinas, sino, que, este bondadoso pájaro cautivado por su gran hermosura y queriendo proteger la naturaleza, de los hombres malos que la destruyen y no saben amarla, puso en todo su contorno muchísimas espinas, para que así nadie les haga daño, tocara ni cortara. Recorriendo el gran cañón, llegó hasta el Valle de los Fósiles, de las conchas y caracoles petrificados, donde hace millones de años hasta allí llegó el mar y en el Valle de las Huacas Sagradas de JAGUAY GRANDE. Otra vez, aquí, se puso a descansar, pues ya casi terminaba su triste y largo recorrido. Aquí en este valle sagrado recordó de su vida pasada como principado, vida de pompas y alegrías; de festines y comidas donde un día con mucho oro fue coronado y, ataviado con finas pieles de puma y de venado. Allí lloró recordando su vida pasada: lloró, lloró y lloró porque hasta allí no pudo encontrar un hombre bueno en todo su recorrido.
Ya cansado de tanto volar y volar, llegó hasta el final del gran cañón de La franca, de JAGUAY GRANDE y se baño en El Sitán y en las Lagunas Encantadas de AGUA DE LA LECHE; cómo quería ser humano para gritar fuerte y con su grito romper el silencio de la noche, y así pedir a su gran dios WALAC, el perdón por todos los hombres malos de la tierra, dicen que de pronto la noche se tornó como el Día y una gran voz se dejó

escuchar, era la omnipotente voz de WALAC, el dios de la tierra, de las estrellas y del mar; el dios de las semillas y las cosechas de los felinos de los reptiles; de los vegetales; del rayo, del trueno y de la lluvia, que en ella le dijo “No encontraste hombre bueno a quien regalarle los tesoreros de caciques y principados, pues recógelos y en gran vuelo, todos llévalos al cielo, y estas aguas que a las seis de la mañana son blancas como la leche y frías como el granizo y que aplacaron la gran sed que tú traías, serán sagradas y benditas, hoy, siempre y por todos los días”, Después que los aires fueron tronados por truenos y rayos, vino una fuerte lluvia y luego un gran silencio se apoderó de la noche y el carbunclo muy dormido se quedó. Antes que despunte el alba del día sabatino, una gran luz desde allí al cielo resplandeció era de agua, el enviado de WALAC, que esparciendo de sus alas gotas de agua, como leche un alto y largo vuelo emprendió, y dicen que en las Cavernas del cacique PARI-ÑACS, este pájaro nocturno, cuadrúpedo y errante desapareció, para siempre recordarlo y no verlo nunca, nunca jamás.
Cuenta que un soldado que con Pizarro llegó, esta leyenda escuchó y ambicioso por el oro capturar o matar a aquel pájaro nocturno pensó. Pasaron muchas noches hasta que un día aparecer lo vio y junto con otros soldados en pos de su captura salió, con largos lazos, los mejores caballos y buen arcabuz, este tirador selecto tras el carbunclo corrió y su gran luz se encendía y se apagaba cuando ya parecía darle alcance, pensando tenerlo muy cerca, su arcabuz disparó, violando el silencio de la noche el gran estruendo de los fierros se escuchó, pensaron haberlo matado, pero grande fue su sorpresa cuando lo vieron volar a gran altura, con su luz refulgente y destellante, que resplandecía en sus cuerpos cubiertos de metales, retirándose hacia el mar. Después de unos días, durante siete días los atormentó y en sus sueños los encantó y devoró, hasta que un día por última vez se les apareció y con el gran poder de su luz, ciegos y locos los volvió.
Un día a un pobre campesino, que dicen que la suerte le llegó, porque este de pies nació el carbunclo se le apareció y parte de un tesoro de la Loma Rica le dio, no sabiendo aprovechar esta riqueza, en las cosas mundanales malgastó y mísero y más pobre este campesino murió.
¡OH CARBUNCLO, pájaro nocturno, cuadrúpedo y errante!, tienes enormes alas y debajo de ellas mucho oro, guardián de los tesoros de mi raza Tallán, raza que un día con el sudor de los tiempos, sobre el yunque de los metales, mi raza de acero nació.
¡OH CARBUNCLO, pájaro nocturno, cuadrúpedo y errante!, enviado de WALAC, amigo de MEC-NON; tú que viviste buscando hombres buenos para regalarles los tesoros de los cacicazgos y principados y en todo su recorrido a ninguno encontraste y aquel que intentó matarte, con tu luz y tu mirada lo encantaste y luego después tú mismo lo devoraste. En las noches de viernes santo aparecías, llevando en tu frente una piedra de rutilante rubí, que como carbón encendido en la oscuridad brilla, si algún día te me apareces, ¡Oh carbunclo!, regálamela a mí, que yo de ti tus tesoros, desde hace tiempo con paciencia, espero todavía.
De los cerros por las laderas, correteas y correteas, irradiando luz o apagándote misteriosamente, cuando a tu alcance quiere matarte o herirte la mala gente, por eso vuelas y correteas por los bosques y las praderas. ¿OH CARBUNCLO, pájaro nocturno, cuadrúpedo y errante, razón tuvo la gente de llamarte CARBUNCLO DE ORO, porque un hermoso y rutilante rubí llevas en tu frente, eres pájaro sagrado y una leyenda que yo adoro.
Ahora dicen que el CARBUNCLO DE ORO ya no sale, ni saldrá nunca más, porque se llevó al cielo sus tesoros, por mandato de WALAC o tal vez a otros lugares de la tierra a donde exista gente buena, que humilde y sabiamente sepa aprovechar, los tesoros y la suerte, que este pájaro sagrado, nos quiere y nos sabe dar.















“EL CERRO ENCANTADO”
Cuentan antiguos moradores que, en el caserío "Monte Abierto" del distrito de Ignacio Escudero, existía un cerro al cual se le atribuye que en tiempos pasados operaban fuerzas sobrenaturales. En este cerro poco a poco las sombras se apoderaban del paisaje, el cerro se tornaba cada vez más pétreo y alucinante como una gran mancha negra, profunda e infernal y la luna como queriéndose refugiar se perdía detrás del vestido negro del cerro. Pero a raíz de un hecho que permitió liberarlo de dichas fuerzas demoníacas, actualmente se le conoce como el "Cerro Encantado".
La vida de este pueblo por mucho tiempo se desarrolló en paz y armonía; porque todos trabajaban ;aunque el patrón nunca pagaba lo justo; hasta que la situación empeoró y no tuvieron más alternativa que emigrar a otros lugares en busca de un trabajo seguro, otros se trasladaron a la margen derecha de la Panamericana Norte con el mismo propósito; pero para trasladarse tenían que hacerlo muy de madrugada, a fin de pasar a una hora apropiada por las faldas de un cerro y así evitar que algo siniestro les ocurriera.
Cuentan algunos caminantes que tuvieron la osadía de transitar por esta ruta en horas de la noche, sobre un hecho insólito y espeluznante, que a partir de las 12 de la noche aparecía el "Carbunclo" (ser demoníaco) volando en forma de águila y que cuando agitaba sus largas alas resplandecían y cuando las cerraba se oscurecían, era como una luz cárdena que brillaba lejos y corría por los repliegues del cerro. Afirman que salía desde el "Cerro Ovejería" y llegaba volando hasta el cerro Monte Abierto y desaparecía. Cuando esto sucedía, de rato en rato un trueno estridente golpeaba las nubes y en los montes se alargaba su voz cual un alarido lejano y las montañas emitían otro muy similar al aullido de los perros cuando ven al "Diablo". También afirman que se escuchaba como si mucha gente estuviera interpretando con instrumentos temas musicales y que por momentos el ruido era tan fuerte que hacía estremecer en los alrededores.
Estas versiones despertaron curiosidad en algunas personas que se vieron tentadas a subir al cerro para dar fe de lo que se comentaba y es aquí cuando sucede algo inesperado e inexplicable; la desaparición de personas, sin dejar rastro alguno, como si el cerro encantado se hubiera apoderado de ellos para siempre. Otros llegaron a subir y sólo dieron testimonio de haber visto a un hombre muy grande, negro y peludo que poseía una sonrisa diabólica; era el " Carbunclo" ; ya que luego de verlo caían privados y echando espuma. Algunos quedaban enfermos y luego morían; otros se volvían locos y otros nunca más tuvieron paz.
Ante estos hechos y la impotencia de los pobladores de no poder hacer nada que evite que la gente siga desapareciendo en el cerro encantado. Decidieron acudir a la Iglesia para que intervenga con sus sacramentos y fueron dos sacerdotes que acudieron al lugar y realizaron con agua bendita el conjuro o exorcismo. Terminado el acto dispusieron que en la parte alta del cerro se coloque una CRUZ, con lo que se logró la desaparición de los fuertes ruidos y el encantamiento del cerro.

















LA PASTORA Y EL MACANCHE”

En la cálida y acogedora provincia de Sullana, existe hace muchos años el caserío de MONTE ABIERTO, situado en el distrito de Ignacio Escudero, en cuyos campos se encuentran cerros de aspecto peculiar y mágica belleza, en los cuales crecen altivos y pintorescos algarrobos, que sirven de refugio y descanso a pastores y sus rebaños. En estos lugares abundan toda clase de insectos, especialmente zancudos ;así como variedad de aves y entre otro tipo de animales ardillas, zorros, pacazos. Pero lo que todos temen es la presencia de "Macanches", por ser una de las víboras venenosas y más grandes de la región. Esta zona se caracteriza porque en la falda de los cerros existen muchas cuevas cubiertas de peñascos y cuando el radiante y majestuoso "Astro Rey" se encuentra en el cenit, se dibujan en las pampas las sombras de gallinazos que luego de volar en círculos y a gran altura, presurosos orientan su vuelo hacia alguna carroña que han detectado, dándose un suculento festín..
Cuentan antiguos moradores, que en estos campos en uno de esos días sombríos sucedió un hecho espeluznante, el romance de la "Pastora " y un "Macanche " y cuyo nido de amor era una de las cuevas que existen en esta zona.
Este insólito romance se inicia cuando cierto día en que la Pastora conducía su rebaño de cabras por estos parajes, al pasar cerca de una de las cuevas, sintió de pronto curiosidad y un deseo irresistible que la impulsó a ingresar a una de ellas. Su asombro fue muy grande, cuando dentro de la cueva divisó a un enorme "Macanche", en su madriguera. Pasado el susto, la pastora experimentó una extraña sensación en todo su ser y así temblando por el espanto, se sintió atraída por el magnetismo del reptil que la miraba con la fuerza hipnótica de sus inmóviles ojos, cautivándola y seduciéndola como si fuera un enamorado. Así fueron pasando los días y en el corazón de la pastora iba creciendo con más fuerza un sentimiento febril, de tal manera que acudir a la cueva era como si se tratara de una ineludible cita de amor.
Los padres de la Pastora ignoraban lo que le estaba sucediendo a su hija, hasta que una noche algo raro experimentaron, pues tuvieron la impresión de que alguien había ingresado a su dormitorio, preocupados por su seguridad e integridad física y temiendo que algo malo le pasara se decidieron ingresar en horas de la madrugada y grande fue la sorpresa, cuando en la cama de su hija encontraron algunos extraños y raros huevos, pero al no encontrar explicación de lo sucedido, llenos de asombro optaron por retirarse.
La Pastora aprovechó el momento para cogerlos y con infinita ternura los colocó junto a su pecho y presurosa los trasladó a un lugar más seguro; pero como esta escena la repitió varias veces, sus padres sospecharon que algo raro le estaba sucediendo. Una mañana la siguieron y grande fue su sorpresa al constatar que los huevos que encontraron en la cama, ahora estaban en la madriguera del "Macanche", y al cuidado amoroso de ella, fue entonces tal la indignación que se apoderó de ellos que no tuvieron más remedio que armarse de palos y machetes dándole al instante cruel muerte al animal, sin pensar en las consecuencias que esta acción generaría. Este inesperado final causó tanta pena y dolor a la Pastora, tal como sucede cuando perdemos un ser amado. Poco a poco el sufrimiento la fue consumiendo e irremediablemente dejo de existir.
Desde entonces cuentan que en los cerros del barrio San Miguel (Monte Abierto), especialmente en las noches de luna llena, se escucha a la distancia un sonido parecido a un gemido lastimero de una mujer, que cual eco misterioso resuena en toda la zona y todos coinciden que debe ser la Pastora que murió de amor evocando a su "Macanche"











"LA NIÑA MARGARITA"
Cuando los hombres de Francisco Pizarro estuvieron de paso por Poechos, muchos de ellos quedaron maravillados de estas tierras. En aquellos tiempos era costumbre repartir grandes extensiones de terrenos a los hombres que habían contribuido de una forma u otra a que la empresa del conquistador fuera un éxito. Es así, como con el devenir del tiempo y en los albores de la Colonia, los lugares conocidos hoy como La Margarita, El Empreñadero y la "Horca", entraron a formar parte de las posesiones de un rico terrateniente.
Este hombre tenía una hermosísima hija llamada Margarita, de escasos dieciocho años, criada y educada en un colegio de señoritas dirigido por religiosas en España. Margarita dueña de una belleza sin igual, solamente comparada con la hermosura de una "Capullana", había llegado a la tierra que la vio nacer , gracias al llamado que le hiciera su padre, debido a que este, presintiendo su muerte quería que antes que se produjera el fatal desenlace, casarla con su joven sobrino de rancia aristocracia y alta alcurnia ,asegurando así, que su futura descendencia sería de ilustre linaje y noble cuna.
Más el hombre propone y Dios dispone, y escrito estaba que esto no sucedería, pues al llegar la niña Margarita -como le llamaba la servidumbre-, se encuentra con su antiguo compañero de juegos, el hijo del capataz, Francisco, muchacho fuerte, dos años mayor que ella, de porte atlético, aspecto saludable , expresión bondadosa, tez morena curtida por el sol ardiente, ojos color ámbar y pelos lacios un poco desgreñados. Este encuentro tuvo como escenario el ancho ventanal de la casa donde juntos recordaron las travesuras infantiles, renaciendo en ellos el amor que germinó en sus primeros años. El lugar que hoy se conoce con el nombre de la "La Margarita", sirvió de marco a este amor sublime que llegó a concretarse en un nuevo ser.
Hasta que llegó lo inevitable. El padre al enterarse de estos amoríos, encolerizado y herido en lo más profundo de su orgullo y linaje , decretó la horca para el muchacho. Margarita se enteró de sus siniestros planes y huye a avisar al dueño de su corazón, pero ya era demasiado tarde ¡ Todo se había consumado!. Ella llena de dolor sólo atina a correr al lugar que fue testigo mudo de su amor y deja caer su cuerpo exánime para no volver a levantarse jamás. El padre abrumado por la desgracia ocurrida, en pago a su soberbia abandona sus inmensas tierras y nunca más se vuelve a saber de él.
Desde entonces, el lugar donde la niña Margarita conoció el amor y solía deleitarse con la belleza de sus paisajes ,se le conoce como “La Margarita”,donde concibió un nuevo ser al que llamaron” El Empreñadero “ y el sitio en que se ahorcó a Francisco se le denomina “La Horca”. Este es el origen de los caseríos que llevan hoy tales nombres, en recuerdo a personajes y sucesos de otros tiempos.